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EL AJO Y LA COLONIA PUEDEN TRABAJAR JUNTOS

La colegiatura en Nutrición que hice en Holanda fue tan completa que incluso nos dimos tiempo para aprender acerca del uso de ciertas medicinas que en otros países pueden ser calificadas de exóticas, folklóricas y hasta de anecdóticas. Una de las clases que más recuerdo en este aspecto es la que se dio a raíz de un pequeño debate que se armó en la clase producto de la consulta de un alumno sobre las enfermedades coronarias y su prevención en base a la nutrición.

 

            Como muchos de nosotros sabemos, las enfermedades que implican un mal funcionamiento del corazón están relacionadas de una u otra forma con el bloqueo total o parcial de los vasos sanguíneos mayores y menores que entran y salen del músculo cardiaco. En ese sentido, la nutrición debería y está orientada hacia la salud del sistema circulatorio muy aparte de sus demás preocupaciones de orden metabólico. Las recomendaciones son conocidas por todos y consisten en la inclusión de vegetales y frutas en varias porciones a lo largo del día y distribuidas en las comidas ya que por su alto contenido de fibra controlan el paso de ciertas grasas y esteres en el torrente sanguíneo. Otra recomendación es la reducción de las porciones de carne roja y de frituras en la dieta justamente para evitar en primera instancia el ingreso de un exceso de colesterol en el cuerpo que pueda contribuir a taponar las paredes de las arterias y de las venas. La tercera gran recomendación es sin duda el ejercicio físico vigoroso como parte del estilo de vida regular de las personas. Sin embargo, existen casos que cumplen estas normas básicas durante toda su vida y aún así presentan ciertas obstrucciones cardiacas. Nuestro maestro nos explicó que hay un gran porcentaje de estos casos que lamentablemente son marcados por el factor genético, el cual desconoce estas recomendaciones de salud y conspira para que las arterias se bloqueen en el individuo a partir de la formación de colesterol por su propio organismo.

 

            El debate se instaló en esos momentos en la clase y algunos proponían una dieta vegetariana de por vida suprimiendo las carnes de plano y tomando la proteína necesaria para el organismo única y exclusivamente de fuentes vegetales como la soya. Otro sector proponía actividad física intensa hasta seis veces por semana. Algunos se aventuraban y sugerían el uso concomitante de aspirina en dosis moderadas para aligerar la densidad de la sangre y atacar el problema desde otro frente. Lo sorprendente vino a cargo de nuestro maestro quien se puso del lado de la medicina natural y lanzó sobre la mesa a un entonces desconocido por nosotros, llamado ajo. En efecto, al parecer el ajo tiene un efecto muy particular en el organismo humano y es capaz de liberar una prostaglandina que impide la formación del colesterol a partir de las grasas y que además viaja por el torrente sanguíneo disolviendo las grasas que se han enquistado en las paredes coronarias. Había buena documentación al respecto tanto científica como histórica, sin embargo un nuevo debate se abrió en esos momentos y el tema fue con qué colonia debíamos combatir los efectos secundarios del ajo.

Filed under: Uncategorized by Theodore @ 11:29 am | Comments (0) Top   

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