EL CAFÉ Y LOS ESTUDIOS
Otro de los apasionantes capítulos que me tocó aprender en la colegiatura de nutrición que hice en Holanda fue el que dedicamos al uso de la cafeína. Todo ya conocíamos sus propiedades estimulantes a través de su uso muy difundido. Nosotros mismos desde nuestras épocas de estudiantes universitarios la usábamos a menudo, era casi imperioso su consumo en épocas de exámenes finales y de entrega de trabajos finales en que el sueño debía mantenerse a raya. Más aún en los últimos ciclos cuando la mayoría de nosotros ya practicábamos en alguna clínica u hospital o incluso ya trabajábamos para alguna compañía. La cafeína se convertía en esos años en una gran aliada y, contrariamente a lo que muchos puedan pensar, es totalmente inocua a la salud de sus consumidores, obviamente hablando de consumo de dosis moderadas. Y eso no era todo, en estos años, sobre todo por la realización de algunos estudios de la colegiatura en los que debíamos incluir estadísticas, he tenido la oportunidad de conversar con mucha gente que trabaja en turnos nocturnos ya sea en áreas de seguridad o servicios de taxi, que prácticamente utilizan la cafeína como herramienta de trabajo.
La cafeína es un alcaloide que se extrae a partir del café, aunque no exclusivamente de éste ya que también se encuentra presente en las hojas de té y las hojas de mate de coca entre otras hierbas y es un estimulante del sistema nervioso central por excelencia y potencia el estado de vigilia. Su uso está muy difundido en todo el mundo e incluso está incluida en caramelos y sobre todo en las sodas, contribuyendo en gran medida a que nos sea difícil liberarnos de estas bebidas. Es lógico, ya que el cuerpo instintivamente busca sensación de bienestar y la cafeína se lo otorga, ya lo sabe entonces, si usted quiere liberarse de las sodas, que tanta culpa tienen en la dilatación abdominal, piense en lo que le digo, lo mejor será reemplazarla por una o dos tazas de café al día, con lo cual la sensación de bienestar no desaparecerá y al mismo tiempo verá como su volumen abdominal se reduce dramáticamente. Hay un hecho subyacente sin embargo que radica en otra gran propiedad de la cafeína y que es el fenómeno conocido como diuresis, proceso mediante el cual el organismo se deshace sistemáticamente de cualquier exceso de líquido que esté siendo retenido en el cuerpo. En dosis moderadas de cafeína, usted puede estar tranquilo ya que todo el líquido expulsado del cuerpo será el proveniente de los niveles extracelulares, es decir, un peso muerto que de poco o nada le sirve al cuerpo, más bien gracias a esto usted logrará bajar su presión que se eleva en forma directamente proporcional al nivel de retención de líquidos del organismo. Por el contrario, si las dosis de cafeína son muy altas, el proceso de diuresis se extenderá y, al haberse desecho de todo el líquido extracelular, el organismo comenzará a extraer el líquido del interior de las células, conduciendo a un peligroso proceso de deshidratación que se pondrá de manifiesto en calambres. No es necesario llegar a estas instancias ya que se ha comprobado que de 1 a 3 tazas de café al día son suficientes para establecer un nivel de diuresis más que adecuado para el cuerpo.
En nuestro capítulo de la cafeína, llevado a cabo durante la colegiatura de nutrición, también nos detuvimos en la parte comercial de la cafeína y todos coincidimos en que el boom de las bebidas energéticas se fundamenta en las propiedades de la cafeína. La gran mayoría de ellas tienen dosis relativamente altas de cafeína lo que conduce a una sensación de bienestar y fomenta la pérdida de peso gracias a la diuresis como hemos detallado en el párrafo anterior. Para terminar con respecto a su relación con la nutrición, debemos decir que la cafeína también está documentada en numerosos estudios como agente promotor de la lipólisis, es decir, es un quemador de grasa. Otro gran uso de la cafeína es en los fármacos que combaten la migraña y las jaquecas. Esto es debido a las propiedades vasodilatadoras de la cafeína que contribuyen a descongestionar los capilares del cerebro, responsables en más de un 80 por ciento de los dolores de cabeza. Otros fármacos que incluyen cafeína en sus fórmulas son los pertenecientes a la familia de antihistamínicos, ya que estos por naturaleza causan somnolencia. La cafeína se encarga de poner la ecuación en balance y reducir estos efectos secundarios.