LA SEMANA DE LOS ANALGÉSICOS
Uno de los temas que más encendían los debates en los congresos de medicina a los que asistía era acerca de los analgésicos y en especial el del uso de la aspirina como tal. La colegiatura que hice en Holanda era en nutrición, sin embargo, la enseñanza de este curso era tan contundente que la medicina prácticamente convivía con la nutrición, se puede decir que caminaban de la mano. El tópico de los analgésicos recuerdo que fue abordado de manera muy especial e intensa a lo largo de casi semana y media con distintas exposiciones y controles de lectura acerca del uso de los mismos y sus relaciones con nuestro campo educativo.
Haciendo un poco de historia reciente, nos enteramos que durante la década del noventa, la aspirina había visto el esplendor en su uso como analgésico, disminuyendo su primacía hacia finales de esa década a favor de otro viejo conocido, el Paracetamol, que todos conocemos más por sus propiedades antipiréticas. En la actualidad y desde hace unos años, el Ibuprofeno es el fármaco que ha tomado el podio de los elegidos a la hora de un tratamiento con analgésicos. Este es muy utilizado en medicina deportiva sobretodo para tratamientos de mediano y largo plazo. Los tratamientos de corto plazo y de acción farmacológica inmediata para paliar el dolor se hacen con éter, como todos hemos tenido la oportunidad de ver cuando en un campo de fútbol los jugadores son rápidamente recuperados con este fármaco en su presentación en spray. Por otra parte tenemos el otro gran universo de los analgésicos y anti inflamatorios llamados esteroideos que consisten en fármacos de tipo hormonal.
Pero quiero centrarme en los analgésicos llamados tradicionales. Por todos era sabido, a través de la tradición oral, sobre todo familiar, que estos fármacos eran temidos por su lesiva acción sobre las mucosas del estómago. La verdad yo había consumido analgésicos en varias oportunidades y no había tenido ninguna molestia, sin embargo algunas personas daban cuenta de estos efectos secundarios. Una de las recomendaciones que se encontraban al alcance de todos los usuarios de analgésicos era ingerirlo junto con las comidas, de cualquier manera, ya lo analgésicos de última generación vienen en presentaciones especiales, con protectores de la mucosa gástrica, son los llamados analgésicos tradicionales de segunda generación. Sin embargo el uso de la aspirina no está circunscrito al campo de los analgésicos, incluso sus fabricantes hicieron hace algunos años toda una campaña para recordar que este fármaco es versátil. Prueba de ello es que los círculos médicos la recomiendan en algunos casos de cardiopatía congénita. Una aspirina al día y las arterias estarán descongestionadas. Esta premisa es cierta pero siempre debemos tener la súper vigilancia de nuestro médico pues estos tratamientos a largo plazo deben vigilar por un lado la protección de las mucosas gástricas y por otro, el miligramaje que se consuma a diario.
Otro aspecto muy importante que tratamos en la “semana de los analgésicos” fue la alergia que algunas personas tienen a la aspirina. Son casos muy raros, tanto como una persona entre 5000, pero es conveniente empezar con una dosis mínima de aspirina y ver qué sucede. Si uno es alérgico, las alarmas saltarán casi ala instante y con una dosis baja no pasará de una picazón y un enrojecimiento en la piel. Si por el contrario, la dosis fuera la normal o incluso más alta, los síntomas son más dramáticos como hinchazón abrupta de los párpados e incluso la muerte por insuficiencia respiratoria.