LOS QUEMADORES DE GRASA, EL ÚLTIMO RECURSO
Continuando con mis comentarios a propósito del postgrado en Nutrición que realicé en los Países Bajos, quería referirme a uno de los semestres más didácticos en el que te tenido oportunidad de participar. En el referido semestre nos tocó revisar un curso dedicado enteramente a la suplementación deportiva. Ya habíamos tenido algunos alcances de este aspecto de la nutrición, algunos por experiencia propia al trabajar en entidades que se dedicaban a la promoción y fomento del deporte en las escuelas o a nivel amateur y otros por haber llevado cursos electivos de este aspecto en la época de la universidad. En mi caso ya conocía del tema gracias a algunos trabajos de investigación que realicé en mi época universitaria, sin embargo en esta ocasión tuvimos acceso a valiosa información de primera mano, ya que además de contar con las conocidas charlas médicas, contábamos con la asesoría de un médico deportivo que dominaba el tema al revés y al derecho y por otra parte en una de las fechas de exposiciones la universidad tuvo a bien invitar a un reconocido campeón de físico culturismo que redondeaba las teorías a la perfección pues las había experimentado y validado en su cuerpo, su propio laboratorio.
El tema que nos tomó bastante tiempo entre trabajos y debates fue el controversial asunto de las dietas para bajar de peso y en especial el punto del uso de los fármacos como ayuda complementaria de la dieta hipocalórica. Cierto era que una dieta baja en calorías debía ser parte fundamental de todo programa preparado para perder peso, pero habían otras variables en juego como la actividad física y como digo, los famosos quemadores de grasa. Llegado un punto, es materialmente imposible restringir el número de calorías de la ingesta diaria y no perder masa muscular en el intento. Una vez alcanzado este punto, lo único que se puede hacer para continuar perdiendo peso es elevar el tiempo o la intensidad de la actividad física pero, obviamente, esto también tiene su límite que viene propuesto por el reto de actividades cotidianas que el individuo realiza o simplemente por que ya alcanzó, a esas alturas del programa, su umbral máximo de rendimiento físico. Al parecer en ese momento se debería poner punto final al programa para bajar de peso e intentar ir saliendo de la dieta gradualmente para no caer en el indeseable proceso de rebote en cuanto al peso que se puede ganar al abandonar una dieta. Sin embargo los recursos no estaban agotados.
En ese punto los médicos, incluso los deportivos, comulgaban con la idea de poner punto final al régimen de pérdida de peso y retornar a los hábitos alimenticios normales, mejorados eso sí, o en todo caso pasar a una dieta llamada de mantenimiento. Sin embargo el físico culturista profesional que expuso su experiencia en uno de los congresos, encendió la polémica al sugerir que en ese punto en que ya no se puede restringir más el consumo de calorías y tampoco se puede aumentar la actividad física, se puede recurrir al uso de los llamados quemadores de grasa que por su fórmula, más o menos estándar, permite tener un nuevo impulso para realizar actividades físicas intensas que no se pueden sostener con facilidad en un entorno hipocalórico. Un tema apasionante, del cual tomé rigurosos apunte y que me gustaría a su vez exponer en un próximo post.